miércoles, 30 de junio de 2010

Estrella de siete mares

La mujer les saludó en el lenguaje abigarrado del puerto, en aquella especie de algarabía compuesta con voces de todos los idiomas que servía para que se entendieran los pescadores del Norte con los del Mediodía. El viejo la dijo quién era Tonico y se definió con una chuscada. Pero ella no atendía. Dejó sobre la mesa el jarro y los vasos, y sin sentarse miró al chico, demasiado joven para patrón de ballenero. Y como él no se servía, llenó de cerveza un vaso y se lo ofreció.


Estrella de siete mares
(Cuento de la Sirena y el Joven Marino)

Ricardo Gullón